Los primeros Juegos Olímpicos tuvieron lugar en Grecia en el año 776 A.C, hace 2,794 años. Desde ese entonces, han pasado muchas cosas y los Juegos siguen sobresaliendo. Su propósito -era y seguirá siendo- el celebrar la grandeza de la naturaleza humana, tanto en su aspecto físico -a través de las extraordinarias capacidades que los atletas demuestran en las competencias deportivas- como en su aspecto artístico -a partir de las actividades culturales que filósofos, poetas, músicos, escritores, nos presentan en sus obras.

La Olimpiada es una “fiesta” donde el tiempo se detiene y se transforma en un tiempo único: un tiempo para celebrar la vida humana… una ”fiesta” de, por y para la humanidad. Los Juegos de la XIX Olimpiada de la época moderna que se celebraron en México en el año 1968, marcaron un hito en la historia Olímpica.

La nación mexicana ofreció una genuina hospitalidad y logró una organización óptima, sedes deportivas de gran calidad, espacios urbanos funcionales y alegres, un sistema informativo amplio y puntual, que incluía una breve historia del país.

A través de su Programa de Identidad Olímpica, México le impregnó a la XIX Olimpiada una imagen e identidad propia, que estuvo a la vanguardia de su época, integrando armónicamente aspectos de su herencia cultural. Todo esto gracias al gran equipo interdisciplinario que trabajó estrechamente con la Presidencia del Comité Organizador y cumplió exitosamente su misión.