Las formas creadas por Eduardo Terrazas, sus ideas geometristas, su estrategia de colores, son parte indisoluble de la cultura de nuestro país, aunque no se consigne así en los libros de historia del arte, su ingenio ha marcado nuestra visión. Veo en el arte actual tantas de las ideas que puso a circular Terrazas en sus diseños para las olimpiadas de 1968 y el mundial de futbol de 1970 que empiezo a pensar que el cronómetro de su reloj camina en un tiempo veinte años adelante que el resto de los mexicanos.

Estas esferas por ejemplo, que hoy provocan un sentimiento planetario en quienes transitan por el patio central del museo, una especie de danza cósmica que acontece en rededor del paseante. Digo pues que estas pelotas se pusieron a rodar en México desde los años setentas, que Terrazas las colocó, algunas translúcidas, inmensas y transitables pero solitarias en pleno zócalo de la ciudad, otras en grupos flotantes en la Alameda, unas más, de franjas cromáticas hermosísimas, en salas de exposiciones y ferias de arte. Hoy la esfera es un motivo central del arte contemporáneo, introducirla entre nuestra visión y el mundo es lo que hizo Gabriel Orozco en los ventanales del MOMA cuando tuvo su primera muestra en el gran museo de Nueva York.

Otros, como Yishai Jusidman, han preferido pintar sobre sus superficies, pero Terrazas ya había colocado sus grandes canicas plásticas en el escenario de nuestra cultura cuando estos artistas eran niños y alguien les lanzó un guiño con sus esferas. Así también los diseños gráficos realizados para los juegos Olímpicos y diversificados en sin fin de aplicaciones, sirvieron de inspiración a muchos y hoy es común mirar piezas de arte que juegan con las siluetas, como en el trabajo de Carlos Amorales en los campos de la gráfica contemporánea.

Apenas si nos damos cuenta de lo mucho que ha influido este hombre en nuestras vidas, generando mobiliario urbano o diseñando espacios tan emblemáticos de ciudades como Monterrey, donde participó en el proyecto de la conocida Macro plaza y del bellísimo Parque Fundidora. Para realizar estas obras urbanísticas y arquitectónicas, el maestro Terrazas ha tenido la paciencia de valorar con igual interés los trabajos de Kandinsky que los de un artesano huichol.

La visión universal de este artista, le permite transitar de una serie de cuadros realizados con pintura para autos a una de composiciones trabajadas luego en estambre con un artesano huichol. Hoy día es lo más común que los artistas en todas partes del planeta, busquen la colaboración estrecha con los artesanos, ya no es como en la época de los muralistas cuando el arte popular comenzó a valorarse y coleccionarse, ahora, los artistas van más allá y realizan verdaderas instalaciones, conjuntos escultóricos, a partir de la colaboración entre artesanos y ellos mismos. ¡¿Hace cuánto que terrazas anda haciendo esto? Cuando miramos los edificios que ha realizado como arquitecto, cuando vemos sus cuadros y sus diseños gráficos, entendemos que hay una inquietud fluida y universal que impulsa al arquitecto, al creador Terrazas, a saltar de un medio a otro para buscar envolvernos en su arte. Las mismas formas y colores pueden hacerse tridimensionales en un edificio que lúdicas y provocadoras en sus conjuntos de pelotas o funcionales pero estéticas en sus diseños o señalética.

Cada que Eduardo hace una exposición, habría que tratar de meter sus edificios dentro de ella, no sus maquetas o las fotos que otros toman de sus construcciones, no, habría que desarmar esos inmensos centro culturales y llevárselos enteros a la muestra, colocarlos entre las cálidas texturas de las tablas realizadas con estambre o las lisas francas de sus mandalas pintadas sobre metal. Y es que así como en esta exposición vemos a las mandalas atomizar sus estructuras lineales y cromáticas, así también, mirar sus edificios es ver cómo las obsesiones que se resuelven en las obras pictóricas, se articulan, organizan el espacio, y dejan entrar las luces de un modo controlado que refuerza la expresión viva y habitable de sus edificios. Podemos decir que Terrazas es un arquitecto funcionalista que no ha olvidado la poesía.